3/3/20

RELATOS DEL NAVÍO GUALDINEGRO VOL.2.2


SANCTASANCTORUM
Parte 2

 La Plaga había llegado a mi ciudad. Mis padres, enfermos y por miedo a que yo también enfermara, me enviaron con el Tío Gregorio, sacerdote de esta Orden, donde estaría seguro. 

 Dos días de viaje a pie, me llevaron a la puerta del templo, donde no quisieron dejarme pasar hasta que vino mi Tío. Me ordenó desnudarme y quemar toda mi ropa antes de entrar. Lo hice, aunque lleno de vergüenza (yo contaba trece años por aquel entonces).

 Cuando entré y mis ojos se adaptaron a la luz de las velas, me asusté al ver que los monjes también estaban desnudos. Sólo vestían una especie de botas que se asemejaban a patas de cabra y unos extraños collares, los cuales supe más tarde que se llamaban "ankhs" y simbolizaban la vida. Mi Tío era el único que llevaba puesta una túnica roja. Sin perder tiempo, me cogió de la mano y me llevó a sus aposentos.

 De la puerta de entrada nacía un pasillo que daba a un patio cubierto y con forma circular, de unos diez metros de diámetro, desde el cual se podía bajar a un piso inferior por un estrecho tramo de escaleras.

 - Ahí abajo está el Círculo de Ceremonias - explicó mi Tío -.

 El patio estaba rodeado por una serie de celdas, numeradas del uno al treinta. Entramos en la que llevaba el número nueve y allí comenzó a explicarme las normas de la Orden.

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